Estos son los síntomas que pueden aparecer si has visto el eclipse sin protección
El eclipse total de Sol del pasado 12 de agosto reunió a miles de personas en distintos puntos de España y Extremadura para contemplar uno de los fenómenos astronómicos más esperados de los últimos años. Tras la cita, los especialistas recuerdan que quienes hayan observado el Sol sin gafas homologadas o sistemas de protección certificados deben prestar atención a posibles alteraciones visuales, ya que una exposición inadecuada puede provocar retinopatía solar.
Un problema que puede tardar en manifestarse
Uno de los principales riesgos de mirar directamente al Sol es que el daño en la retina puede producirse sin dolor. Esta capa situada en el interior del ojo es la encargada de captar las imágenes y carece de receptores del dolor, por lo que una persona puede permanecer mirando al fenómeno sin notar inmediatamente que se está produciendo una lesión.
La ausencia de molestias en el momento de la exposición no significa, por tanto, que no haya consecuencias. De hecho, los síntomas de la retinopatía solar pueden aparecer varias horas después de haber observado el eclipse y llegar a manifestarse hasta 48 horas más tarde.
Por este motivo, quienes hayan contemplado el eclipse sin una protección adecuada deben permanecer atentos durante los dos días posteriores a cualquier cambio en su visión. La aparición de alteraciones visuales después de una exposición directa al Sol es motivo para consultar con un especialista.
Una mancha oscura en el centro de la visión
Uno de los síntomas más característicos es la aparición de una mancha oscura o punto ciego en el centro del campo visual, conocido médicamente como escotoma. La persona puede percibir que una zona de la imagen ha quedado parcialmente oculta o que existe un punto concreto que no consigue ver correctamente.
También puede aparecer visión borrosa, haciendo que los objetos pierdan nitidez. Otro posible signo es la distorsión de las líneas rectas, conocida como metamorfopsia: por ejemplo, una línea que debería verse completamente recta puede comenzar a percibirse deformada o irregular.
A estas alteraciones pueden sumarse cambios en la percepción de los colores. Algunas personas pueden experimentar, además, fotofobia, es decir, una especial sensibilidad o molestia ante la luz, así como dolores de cabeza asociados a la alteración ocular.
La recuperación puede llevar meses
La evolución depende de la intensidad de la lesión. En algunos casos se produce una mejoría progresiva durante las semanas o meses posteriores, y una parte de los pacientes puede recuperar parte de la visión entre los tres y seis meses siguientes a la exposición.
Sin embargo, la recuperación no está garantizada. Algunas personas pueden conservar secuelas permanentes, como una reducción de la agudeza visual, distorsiones en las imágenes o puntos ciegos que permanecen en el campo de visión.
Actualmente, no existe un tratamiento específico capaz de revertir la retinopatía solar, por lo que la prevención continúa siendo la principal herramienta para evitar este tipo de lesiones. Si después de haber mirado el eclipse sin protección adecuada aparece cualquier alteración de la visión, los especialistas recomiendan consultar con un oftalmólogo para valorar el alcance del daño.
El riesgo está en los ojos
La radiación solar puede dañar la retina mediante mecanismos fotoquímicos y térmicos, incluso cuando el disco solar está parcialmente cubierto por la Luna. Por ello, la protección debe mantenerse durante las fases en las que sea necesario observar el Sol y deben utilizarse únicamente sistemas específicamente certificados para este propósito.
Los especialistas también recuerdan que no existe evidencia científica que relacione los eclipses con alteraciones hormonales, neurológicas o sistémicas. El riesgo demostrado de este fenómeno está relacionado con la exposición ocular a la radiación solar.
Así, para quienes pudieron contemplar el eclipse del 12 de agosto sin la protección adecuada, las próximas 48 horas son especialmente importantes para vigilar cualquier cambio en la visión. La ausencia de dolor inmediato no debe interpretarse como una garantía de que el ojo no haya sufrido daños.